“Niñez” de Antonio Gamoneda

Hace tiempo aprendí a diferenciar las joyas en forma de libro, igual que me pasa con las personas, en ambos casos los únicos que merecen la pena tienen luz propia, tienen una voz un sonido que se marca indeleblemente en tu retina y en tu corazón.

Solo estas personas y estos libros merecen ser conservados y no pasar sin pena ni gloria por las páginas de tu historia personal.

Estoy para un bibliófilo recalcitrante como yo es muy importante y es una norma que sigo con libros y personas, si brillas con luz propia, si tienes tu propia voz, te quiero en mi mundo, es curioso pero parece que para esto tengo un sexto sentido y detecto esto rápido.

Con Gamoneda me paso algo así, lo conocí demasiado tarde para mi gusto, en un recital, y cuando su “Libro del invierno” llegó a mis oídos algo cambio en mí. “Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateban

su pureza y sus manos heridas por los ácidos. En el

amanecer, oculto entre las sebes blancas, agonizaba

ante las carreteras, veía entrar las sombras en la nieve,

hervir la niebla en la ciudad profunda.” Tiempo después en una de mis numerosas escapadas a librerías mis ojos se cruzaron con este “Niñez” y supe instantáneamente que tenía que ser mío, de nuevo Antonio no me falló.

Esta recopilación realizada por su hija Amalia, que incluye prosa poética y poemas, y que rememora una infancia a veces feliz, a veces dura (está parte es la que más energía poética desprende, su voz suena aquí con mucha más fuerza) pero indefectiblemente marcada por una guerra civil que dejó una cicatriz en este país que aún dura, nos muestra los sentimientos de un niño que amaba los libros sin tenerlos en casa, que amaba el silencio y a sus amigos, y otro mundo que ya no es el nuestro aunque se sienta cerca.

En definitiva un libro atípico de este gran autor, una obra estupenda, absolutamente recomendable.

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“Invierno” de Rick Bass

SINOPSIS

En el valle del Yaak, en Montana, viven apenas treinta personas y un número indeterminado de osos, lobos, coyotes, pumas, alces… Un lugar sin duda salvaje y remoto. De hecho, allí la mayoría de las casas carecen de electricidad o teléfono. Para sus habitantes, sin embargo, eso no parece ser un problema. Son leñadores, tramperos, guías de caza, domadores de caballos, tejedores de atrapasueños, veteranos de Vietnam, un payaso de rodeos jubilado… También hay un par de fugitivos, aunque quizás, de un modo u otro, todos lo sean: todos han llegado hasta allí huyendo de algo y aquel aislamiento los hace sentir seguros.

Desde el primer instante, Rick Bass y su mujer se ven irremediablemente atraídos por aquella realidad indómita. Y deciden rendirse a su silencio y a su misterio, encarnados en la lenta e imperturbable caída de la nieve, que parece ralentizar el tiempo y ofrecer perdón para todas las culpas. Alquilan una casa, conocen a los excéntricos habitantes del valle, se emborrachan en el Dirty Shame y empiezan a prepararse para el invierno: algo que en su Texas natal nunca han vivido, menos aún a treinta grados bajo cero y sin más tecnología que una lámpara de aceite, una motosierra y una chimenea. Él comienza a escribir, a relatar su cita y su encuentro con el invierno, con ese paisaje blanco, ingobernable y feroz que reclama de manera incansable vidas para seguir avanzando. Pronto recuerda aquella vieja historia que contaba un aventurero a las gentes de la ciudad: en Yellowstone el frío era tal que a los tramperos las palabras se les congelaban según salían de sus bocas, y debían recogerlas, guardarlas cuidadosamente y colocarlas ante el fuego por la noche, para ensartarlas en frases y saber lo que se habían dicho durante el día. Eso hace también Rick Bass.

Ahora que nuestro invierno es cada vez menos invierno, que su belleza es cada vez más frágil y esquiva, este libro se presenta como un canto poderoso al níveo secreto del Gran Frío.

EL AUTOR

Rick Bass nació en 1958 en Texas y pasó toda su juventud en el sur de Estados Unidos. Después de trabajar durante años como geólogo en una petrolera de Misisipi, se trasladó al valle del Yaak, en Montana, donde reside desde hace casi cuatro décadas. Sus artículos y relatos han aparecido en publicaciones como The New Yorker, The Atlantic, Esquire o The Paris Review, y han sido seleccionados en diversas ocasiones para los volúmenes anuales del Best American Short Stories y del Best American Science and Nature Writing. Además, fue finalista del Premio National Book Critics Circle y ganador del Premio O. Henry con dos de sus novelas. Entre sus libros, además de Invierno, cabe destacar The Lives of Rocks, All the Land to Hold Us, Platte River, The Lost Grizzlies, Brown Dog of the Yaak: Essays on Art and Activism, Colter: The True Story of the Best Dog I Ever Had, o Why I Came West: A Memoir.

En la actualidad es miembro de la junta directiva del Yaak Valley Forest Council y del Round River Conservation Studies, y continúa viviendo con su familia en su rancho en Montana.

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Poesía completa de Vladimir Mayakovski

Soy un lector atípico, eso es algo que tengo claro desde hace bastante tiempo, y en mi andadura por cierta literatura por la que no se transita con facilidad me he encontrado con verdaderas joyas. Es apasionante mirar, investigar, descubrir autores que aunque desconocidos han marcado momentos transcendentales tanto en la literatura universal o la concepción del arte, como en la propia historia de nuestro tiempo.

Este es el caso Vladímir Mayakovski, una de los padres del movimiento artístico conocido como “Futurismo” y un tipo de una complejidad bastante intensa que estoy seguro que me llevará a lugares de la poética, y del pensamiento hasta ahora desconocidos para mi.

Nació en la aldea de Bardad que hoy lleva su nombre, en la Georgia transcaucásica. Hijo de un guarda forestal que no le pudo procurar una formación escolar. Desde muy joven comenzó a escribir poesía. Tuvo que emigrar muy joven con su familia a Moscú, y allí entró en contacto con el ambiente revolucionario de la Rusia proletaria de principios de siglo.

Formó parte del partido de Bolshevik desde 1908, y antes de cumplier veinte, ya habia sido arrestado tres veces por las actividades subversivas. Tras el triunfo de la Revolución Rusa, se convirtió en portavoz cultural del régimen bolchevique. Cabeza de la tendencia literaria futurista rusa, que proclama una revolución en el arte. Escribió algunas de sus mejores obras, como “La nube en pantalones” o “La flauta de las vértebras”. Algunos de sus poemas, como “Oda a la revolución” (1918) fueron muy populares, al igual que sus poemas líricos de amor, entre los que se encuentra “Amo” (1922).

Durante la década de los años veinte viajó por Europa, participando en congresos y conferencias, creando material de propaganda, desde carteles o posters hasta poemas y guiones cinematográficos. En su obra teatral destaca La chinche (1929). Su gran poema es Hablando a gritos (1930) que dejó inacabado y está considerado como su testamento espiritual. Se quitó la vida el 14 de abril de 1930 con un disparo al corazón dentro de su casa en la calle Lubianski de Moscú.

Su odio visceral al universo burgués y su combativo espíritu revolucionario se reflejan ya en sus primeras obras: La bofetada a gusto del público y la tragedia Vladimir Maiakovski (1913). En 1915 publicó el libro de poemas La nube con pantalón y un año después, La flauta-columna vertebral. Del mismo año que la Revolución Rusa son las premoniciones de El hombre(1917), en la que colaboró redactando eslóganes revolucionarios.

A partir de 1923 y hasta 1928 trató de congregar en torno a la revista Lef, fundada por él, a toda la vanguardia artística soviética, a pesar de las críticas crecientes de los estamentos del nuevo orden. Exaltación de la figura de Lenin es el poema V. I. Lenin (1923-1924), y los éxitos de la URSS son cantados por el poeta en obras como Octubre (1927) y ¡Bien! (1927).

También criticó el creciente aparato burocrático soviético con comedias como La chinche (1929) y El baño, que estuvieron precedidas en 1922 por Los sedentes.

Problemas políticos y personales, agravados por el fracaso de sus obras, podrían ser los motivos que explicarían su suicidio, pese a que no tardó en ser reconocido por su valor literario como el fundador de la poesía soviética.

#EstoyLeyendo #Poesia #PoesiaRusa #Futurismo #TrashumanciaPoetica

La jauría de barro (fragmento)

La noche me persigue,

su velo me protege y

me transforma.

La vida se apaga rápidamente,

cómo una vela ardiendo,

cubierta de gasolina.

Mientras el duermevela

del conformismo nos persigue.

Personas sin rostro nos rodean,

arrastrando los pies por

calles asfaltadas con sueños

y esperanzas baldíos.

Sueñan con un futuro mejor,

diseñado a medida

por el oligarca de turno.

Es sencillo olvidar

el brillo del cielo despejado

cuando tus ojos están tapados

por la venda del oscuro conformismo.

Y el ruido del silencio entre

nosotros nos persigue,

es atronador,

la tormenta de las sonrisas perdidas

empapa nuestra piel,

pero no nos damos cuenta.

Quizás la solución sea escapar, huir,

desdibujarse poco a poco

hasta convertirse en un lejano suspiro

de lo que un día fuimos.

Quizás sólo esa, sea la respuesta,

quizás desplegar nuestras alas

sea la solución.

Quizás…

“El almuerzo desnudo” de William S. Burrougs.

RESEÑA 

En mi periplo veraniego por la literatura americana del siglo XX había una parada obligatoria entre los beats, una generación que me gusta especialmente, y entre ellos, no podía evitar visitar a William S. Burrougs y su “Almuerzo desnudo”, una novela que su momento, cuando leí a Kerouac a Ginsberg o a Bukowski se me resistía, no podía con ella…y no me extraña.
El almuerzo desnudo, una de las novelas más míticas de la literatura norteamericana, es un descenso a los infiernos de la droga y una denuncia horrorizada y sardónica, onírica y alucinatoria de la sociedad actual, un mundo sin esperanza ni futuro. Burroughs dispara sus flechas contra las religiones, el ejército, la universidad, la sexualidad, la justicia corrupta, los traficantes tramposos, el colonialismo, la burocracia y la psiquiatría representada por el siniestro Dr. Benway, el gran manipulador de conciencias, el experto en Control total.
Sus imágenes son muy claras, casi fotográficas, pero no por ello agradables, el lector llega a sentir, asco, repugnancia, dolor, miedo…algo hecho a drede totalmente pues en definitiva Burrougs era el más culto de los beats y más allá del ritmo característico de esta generación (que es palmario) se nota el uso de un lenguaje mucho más rico y feroz para una critica política y social a la América de los años 50. 
La estructura de los capítulos parece más la descripción inconexa de una serie de delirios producidos por una mente embotada por las drogas y por toda clase de pervesiones de carácter homosexual, al final te das cuenta de que no es así, de que las encajas como piezas de un puzzle sádico de babas, sangre, droga, sexo y mierda.
Un puzzle que no es más que una critica, en algunos momentos surrealista, en otros violenta, y en otros repugnante de una sociedad que expulsa a sus desheredados al basurero de la historia y que los destruye sin compasión.
Para terminar decir que no creo que esta libro sea una lectura para todo el mundo, pero si creo que es un libro que hace pensar, que te desnuda el alma, la pincha en un tenedor (de ahi viene el nombre que por cierto lo puso Jack Kerouac) y te la muestra para que veas lo que eres y como es la sociedad en la vives.

​HUIDA HACIA ADELANTE

Acabas de cumplir treinta años 
y flotas en la vida, 

como una hoja 

caída en otoño 

en una piscina llena 

y movida por el viento. 

Perdida, a la deriva, 

pero también, 

segura de ti misma 

con paso firme, 

sabiendo cuáles 

son tus armas. 

Débil y fuerte, 

luz y oscuridad, 

como siempre has sido, 

las dos caras 

de la más bella moneda, 

mi Dra jeckyll Y Mrs. Hyde. 

Buscando siempre la verdad, 

casi hasta la extenuación, 

tus ojos azules 

siempre buscando una respuesta 

hasta donde es imposible encontrarla. 

Ahora que duermes a mi lado 

te miro y sonrió, 

ese rictus de paz 

tan maravilloso 

y pienso en todo lo que eres para mi, 

amor, comprensión, 

locura, sonrisas, 

pero también lágrimas, 

incertidumbre, discusiones 

en fin…vida, 

eso eres tú, vida. 

Y ahora a estas horas 

de la madrugada 

no puedo dejar de mirarte, 

y no puedo dejar de pensar 

en que quizás 

cuando algo deja de tener sentido 

lo mejor es abandonarlo 

en el mismo sitio 

en el que una vez 

lo encontraste. 

Esta cama…

esta que ha sido nuestra cuna 

y también nuestra tumba, 

esta cama habrá sido testigo 

de nuestro último beso. 

Así que me levantaré 

sin hacer ruido, 

y saldré por la puerta 

igual que entre por primera vez, 

en silencio y con la duda 

de lo que el futuro 

me deparará 

pero con la esperanza 

de que será algo bueno. 

Y al salir miro al cielo, 

y veo la niebla 

que envuelve la noche, 

y noto el frío y el silencio, 

y miro la calle 

iluminada por la luna y las estrellas 

y no puedo dejar de pensar 

que el camino 

que tengo delante de mis ojos, 

el que me queda por recorrer, 

puede ser mejor o peor, 

puede que sea feliz 

o el más escandaloso 

de los infelices trayectos, 

pero siempre será 

camino que yo he elegido.
Carlos Rodrigo Cristóbal 

#ElAireDelTiempo

Yo quisiera llover

Yo quisiera llover 

sobre los campos 

que con lucha y sufrimiento 

mis abuelos sacaron adelante.

Yo quisiera llover 

sobre los enamorados 

que con su sonrisa 

iluminan el día más oscuro, 

y con sus apasionados besos 

incomodan al estirado personaje 

que de 8:00 a 14:00 va a la oficina,

malgastando el tiempo 

que se le ha dado.

Yo quisiera llover 

sobre mi familia 

y según escurro por su pelo 

hacerles sentir el amor 

que por ellos siento,

el orgullo de ser 

hijo, sobrino, nieto o hermano.

Yo quisiera llover 

sobre Paula, y que el palpitar 

de cada gota la hiciera ver 

que el amor que por ella siento 

es más duradero

que todos los centenarios robles

que silenciosos habitan Central Park.

Yo quisiera llover, 

sobre mi, 

sobre ti, 

sobre todos, 

quisiera llover sólo 

para ver tu risa 

mientras lo hago

y sentir que la vida 

en ese pequeño momento, 

merece la pena.

Carlos Rodrigo Cristóbal