Mi último día en la tierra

Hoy es mi último día de vida, no lamento nada, he tenido una vida muy feliz, obviamente en mis cuarenta y cinco años he vivido de todo, amor, desamor, amistad, decepción, lágrimas y sonrisas.
Nací en un pequeño pueblo costero, en una familia humilde pero muy trabajadora.
En el colegio tenía mis amigos, y aunque nunca fui un estudiante modelo fui superando los cursos.
Sinceramente creo que tuve una infancia muy feliz.
Mi adolescencia fue otra cosa, me sentía incomprendido, y aunque seguía teniendo a mis amigos y a una familia que me quería y apoyaba mucho, sentía que algo me faltaba, que estaba vacío por dentro, hasta que la conocí a ella.
Cuando Raquel entró en mi vida, todo cambio.
Para mi Raquel lo era todo, su sonrisa iluminaba mi vida, estábamos los dos muy enamorados y poco a poco construimos una vida juntos, hasta que un día nació nuestro hijo Pablo.
En ese momento nuestra felicidad era plena.
Juntos construimos un hogar y una familia.
Hasta que un día al llegar a casa del trabajo oí unos ruidos muy extraños en casa, entré rápidamente y al llegar al dormitorio vi a mi querida Raquel haciendo el amor con otro tipo, todo mi mundo había quedado hecho pedazos, fui a la cocina, cogí un cuchillo y sin mediar palabra les corté el cuchillo, los deje tendidos muertos y en el sofá esperé a que llegara Pablo, y también le maté y acto seguido me entregué a la policía.
Ahora sólo espero que lleguen las 00:00, me administren la inyección letal y todo termine para siempre.

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¡Jodios niños!

Paula había quedado con sus dos amigos Vicente y Loli antes de entrar al curso que hacían en común y hablar de sus cosas, se pidió una caña para refrescarse un poco la garganta y mientras que habló con sus compañeros sobre las relaciones amorosas y lo difíciles que son, observó a un niño en la calle, ¡que mono es!, pensó, y lo miro con ternura, el niño le devolvió una mirada gélida que dejó a Paula descolocada.
Siguió con la conversacion que tenía con sus amigos y cuando volvió a mirar por la ventana vio otro niño al lado del primero, mirándola los dos con la misma gélida mirada.
Paula los miró durante un par de segundos extrañada y siguió a lo suyo.
A los pocos minutos oyó un golpe muy fuerte ¡PUM!
Eran los niños que estaban tirando piedras contra la cristalera de la cafetería.
Las que parecían ser sus madres (no había nadie más en la cafetería) estaban enfrascadas en su conversación y no hacían ni caso a los críos.
Así que se acercó a las supuestas madres y les dijo “perdonar creo que vuestros hijos están tirando piedras a la cristalera”.
Las madres avergonzadas salieron corriendo y gritando ¡ai Pepito, ai Juanito!.
Les dieron un pequeño azote y volvieron a entrar a terminar su café.
Los niños se alejaron de la cristalera con la misma cara de odio y haciendo a Paula una peineta.
Paula pensó ¡jodios niños, no voy a tener hijos en mi vida!

Destrozando la belleza

Un rayo de sol
de un rojo rosado
lo desmonto
en el garaje
como un rompecabezas.
los pétalos están grasientos
como bacon rancio
y caen
como doncellas del mundo
con el envés hacia el suelo
y miro hacia arriba
al viejo calendario
que cuelga de un clavo
y toco
mi cara llena de arrugas
y sonrío
porque
el secreto
se escapa a mi entender.

A SOLAS CON TODO EL MUNDO

La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma,
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
demasiado
y nadie encuentra al
otro
pero siguen
buscando
de cama
en cama.
La carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que
carne.

No hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
Nadie encuentra jamás
al otro.

Los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan
nada más
se llena.