¿Y DESPUÉS QUE HAGO?

Nuestro corresponsal en Yugoslavia disfrutaba de un permiso de Navidad; sentado muy tieso en la terraza del bar Cristal contemplaba absorto un paquete de fotos de la guerra balcánica. Esto sucedió un 28 de diciembre, día de los Inocentes; las palomas de la plaza de España parecían dormidas a la hora del café, y el aire estaba frío como el vientre de un lagarto. También tenía el mismo color. Nuestro corresponsal comentó que todas las palomas estaban muy sucias: alguien debería lavar a estos animales. Yo le dije que a lo mejor sólo estaban atontadas, un poco mustias de tanto arrastrarse entre el tráfico urbano. Entonces él me contó cómo le habían fusilado en algún punto definido cerca de Vukovar; lo decía sin ningún entusiasmo, incluso con extrañeza. Como si le pareciera muy raro que le fusilasen. Por esas fechas la guerra todavía no había llegado a Bosnia, y algunos corresponsales aún creían que sería una matanza entre serbios y croatas; asunto íntimo. Pero varios españoles estaban luchando en el bando croata, y la prensa lo había destacado. Parece que confundieron a nuestro corresponsal con cierto tipo de Albacete, muy bravo.

-Me pusieron ahí junto a tres guardias nacionales croatas, y nos fusilaron. No sentí nada. Estaba mirándome la punta del zapato, y de pronto los tres croatas estaban muertos. Entonces me subieron otra vez al camión. Me quedé quietecito, con la cabeza baja. No sentí nada. Me acuerdo de mi zapato.

-Bloqueo emocional -dije-. La pasta de los héroes.

-Me tapé los huevos con las manos. Porque pensé: si me dan ahí voy s pasarlas putas. Es lo único que pensé.

-Bueno, ahora ya lo sabes todo. A lo mejor eres un héroe.

-No sentí nada. De verdad. Nada.

Me miró con ojos ausentes. Estaba pulcro y bien afeitado; muy calmoso. Cuando trabajaba de reportero de sucesos en la redacción local del diario Última Hora, este Francesc era un tipo encantador y mal hablado que jamás se afeitaba. Decía obscenidades, soltaba risotadas y no se afeitaba. Un día se puso gafitas de intelectual y comenzó a oler a loción; nos extrañó mucho. Le pasaron a cultura. Estuvo haciendo entrevistas a escritores aborígenes durante una temporada; en Mallorca hay muchísimos escritores, y un número extraordinario de poetas. En castellano, en catalán y bilingües, que son los más peligrosos. Francesc me dijo en cierta ocasión que ese nuevo trabajo suyo no se acababa nunca: hay mucha más cultura que sucesos, me dijo. Estaba nervioso, pero todavía nadie le había confundido con un estrafalario sujeto de Albacete. Luego supe que se había marchado de corresponsal a Yugoslavia.

Varios meses después, el dia de los Inocentes, me telefoneó con urgencia. Observé como manoseaba el paquete de fotos; le contemplé con afecto. El miraba por encima de mi cabeza, a las palomas dormidas y sucias. O a Vukobar. Parecía distraído. Dijo:

-Tenemos que hacer algo con todo esto.

Intenté adivinar lo que quería decir. Francesc me tiene bastante respeto porque yo soy el que se ocupa de las necrológicas en el periódico; cubro la defunción de actrices remotas y gente importante. Supongo que me considera un experto en hacer cosas culturales con los muertos.

-Te refieres a que pintas tú en esa guerra. Quieres que te cuente todo eso que me estás contando.

Se rió.

-Bueno. Algo habrá que hacer.

-Lo haremos. ¿Cuando te marchas?

-Mañana. Por Trieste. Me queda un año de contrato.

-¿Y después?

-Si. Es lo que yo decía. Después qué hago.

-Haremos algo. Un libro. Lo que sea.

Se quedó pensando en el libro, o en lo que fuese. Yo pensé en Trieste, la ciudad más fronteriza de Europa. Allí escapó James Joyce, acosado por su personalidad y sus recuerdos, muy ebrios ambos. Las gafitas de Francesc se parecen mucho a las que usaba Joyce, y se me ocurrió que nadie da esquinazo a su personalidad. Si uno corre mucho, ella estará esperando junto al pelotón de fusilamiento. No hay manera. A veces se puede dialogar vagamente con ella; sospeche que eso era lo que estaba haciendo nuestro corresponsal. No me hablaba a mí.

-En aquel sitio degollaron a uno. Sangre por todas partes. Continuamente me salían manchas de sangre en la camisa, igual que si brotaran de dentro. Al final me dio asco y la tiré.

-Sí. Ahora ya lo sabes. Lo entiendes.

-No hay nada que entender. Dicen que es como la guerra civil española. Puede. Sólo se entienden los muertos.

-Y el pasado. La historia.

-El pasado se entienden perfectamente. Pero ellos son más guapos. Son muy guapos, esta gente. Y las mujeres.

-Las mujeres

-Guapísimas. Eslavos del sur. Mira.

Me pasó las fotos. Le dije que, desde luego, era una raza hermosa. Guapos y llenos de odio. Los guardias croatas tenían un fuerte aspecto nazi; se lo comenté y estuvo de acuerdo.

-Y mira. Un temible chetnik estaba sentado en el patio trasero de una especie de bar, encima de una caja de embalaje y rodeado de botellas y maleza; las botellas parecían refrescos raros. Tal vez gaseosas raras. Estaba recostado contra un anuncio de tabacos exóticos, y tenia la boca abierta como si roncase. La verdad es que casi se escuchaban los ronquidos.

-Parece buen tipo -dije-. Simpático

-Lo era. Borracho perdido -contestó Francesc.

-Yo juraría que roncaba.

-No sé. Había muchísimo ruido por ahí. Todo confuso.

-Y que cosas tan raras fuman. Lo digo por el anuncio.

Nuestro corresponsal en la guerra yugoslava medito este aspecto del conflicto. Estaba taciturno y caviloso, con mirada de huérfano.

-En realidad no se puede fumar. Fumamos mucho, pero no se puede. No te quejas a gusto.

Y luego añadió:

-Todo esto no será nada cuando empiecen en Bosnia. Tienen cañones grandes como casas.
Van a matarse todos.

Seguí mirando el paquete de fotos. Un campo de fútbol con el césped sembrado de cruces. Un grupo de desarrapados deteniendo gente. Coches incendiados. Cuatro guardias nacionales croatas montando guardia frente a un polideportivo; Francesc me dijo que muchos robaban la madera de las canchas de basket para fabricar ataúdes, y ellos trataban de impedirlo. Varias muchachas rubias de uniforme militar, sonriendo. Más cementerios. Ser enterrado en un campo de fútbol, dentro de una caja cargada de leyendas deportivas, tiene que resultar muy extraño. Patriótico. Divagué un rato sobre patrias remotas y próximas; algunas tan próximas que no se puede respirar en ellas. Las patrias.

-Volviendo a las mujeres -dije-. He oído que pasan cosas terribles con las mujeres.

-Y las que pasarán -dijo Francesc-. Con lo guapas que son.

-Te habrás enamorado.

-Continuamente. Pero y qué. No sirve de nada. Nadie hace caso.

-No se fijan -dije.

-Nadie se fija. Todo el mundo está como distraído, en las guerras.

Le devolví las fotografías. Sí, algo habrá que hacer con todo esto, le dije. Nuestro corresponsal de guerra apenas había soltado palabras malsonantes en una hora; sólo se rió dos veces, sin muchas ganas. A veces parecía distraído, o víctima de una vaga compasión.

Pulcro y bien afeitado, me pregunté si era realmente él o un extraño tipo de Albacete. Seguramente las dos cosas. Alguien le había contado un secreto espantoso al oído, mientras se miraba las puntas de los zapatos, y todavía estaba escuchando. En algún punto cercano a Vukovar. A lo mejor su personalidad estaba contándole secretos terribles al oído. Tomamos café y miramos las palomas dormidas. Puede que no durmiesen; puede que estuvieran atontadas, y muy sucias. La tarde continuaba fría y blanquecina.

-Me tapé los huevos, porque si me llegan a dar ahí las hubiese pasado putas. Pero no sentí nada. Nada.

Entonces me dijo que tenía un año de contrato, y después que hago. Y yo le dije: algo haremos, seguro. Ya verás como hacemos algo con todo esto. Un libro. Lo que sea.

-Te contaré todo eso que me has contado -dije.

Pero después, durante más de un año he escuchado noticias del sitio de Sarajevo y nuestro corresponsal ya no está allí. Dios sabe donde estará. Todo empezó cuando se puso esas gafitas de intelectual y comenzó a entrevistar escritores mallorquines. La cultura no termina nunca y nos lleva a sitios terribles donde uno fuma y no se queda a gusto. Lo único que se de él es que ahora hay un tipo de Albacete en una matanza, mirándose las puntas de los zapatos y tapándose los huevos con las manos. Parece distraído, y me figuro que para siempre. No sé qué haremos después.

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EL INFIERNO ES UNA PUERTA CERRADA

Hasta cuando me moría de hambre las notas de rechazo difícilmente me molestaban: sólo creía que los editores eran verdaderamente estúpidos y sólo fui y escribí más y más. hasta consideraba los rechazos como acción; lo peor era el buzón vacío. si una debilidad o un sueño tuve fue sólo querer ver a uno de aquellos editores que me rechazaron, ver la cara de él o de ella, la forma en que vestían, la forma en que cruzaban una habitación, el sonido de su voz, la mirada de sus ojos… sólo una mirada a uno de ellos-ves, cuando miras esto un pedazo de papel impreso diciéndote que no eres muy bueno entonces hay una tendencia a pensar que los editores son más parecidos a dioses que lo que son. el infierno es una puerta cerrada cuando te estás muriendo de hambre por tu maldito arte pero algunas veces sientes al menos que echas una mirada a través del ojo de la cerradura. joven o viejo, bueno o malo, no creo que nada muera tan lenta y duramente como un escritor.

“PAPA GORIOT” Honoré de Balzac 1834

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Sinopsis

Un joven estudiante de provincia quiere introducirse en la vida y costumbres de la alta sociedad de París. Al comienzo se siente seducidoporel lujo,los placeres, la belleza femenina. Pero pronto descubre que tras la fastuosidad de los grandes salones y festividades se esconden historias de seres humanos mezquinos, tortuosos, infelices, que han perdido todo sentido de solidaridad humana y hasta los vínculos y sentimientos más sagrados como son los nexos filiales.

Impresiónes

Es un clásico del realismo, refleja muy bien la vida en la Francia del siglo XIX, la codicia, la corrupción,y el desamor en una sociedad cegada por el afán de enriquecimiento y de ascenso social. En algunos momentos el lenguaje es un tanto complicado y ahi que leer con un diccionario al lado, pero en general es un gran libro, lo recomiendo.

DEDAL (CUARTA PARTE)

La vieja le agradeció la información y se marchó tan alegre y dichosa. Nada más entrar en la cabaña de su comadre, allá en el condado de Waterfood, le comunicó todo lo que había escuchado al propio Dedal. En seguida al jorobado se le subió en un carro, sobre el cual pesaba un aire malicioso, y empezó a moverse tirando del mismo. Le quedaba un largo camino.

“No me importarán todos los esfuerzos”, se decía para darse ánimos, “si conseguimos que le descarguen de la joroba.”

Ya era de noche en el momento que llegaron al pie del túmulo. La vieja puso allí al jorobado.

John Madden, pues éste era el nombre del jorobado, no debió aguardar mucho rato para empezar a oír la música que brotaba de las entrañas de la tierra. Puede decirse que resultaba más deliciosa que la anterior, debido a que el.coro de elfos había incorporado la frase de Dedal:

Di Lunes, Di Martes, Di Lunes, Di Martes, Di Lunes, Di Martes, Di Miércoles, Di Jueves…

Sin embargo, en esta ocasión no hicieron ninguna pausa, acaso porque creían que era innecesario al haber completado la singular composición. Como John andaba muy impaciente por verse libre de su joroba, ni siquiera aguardó a que los elfos terminaran la canción. Porque ya llevaba lista la frase que él iba a añadir. Y en el momento que escuchó la melodía unas siete veces seguidas, sin preocuparle el tono musical ni la calidad de las voces, empezó a vociferar:

-Di Viernes, Di Sábado y Di Domingo…!

Al mismo tiempo se decía:

“Como a Dedal le dieron tanto por dos frases, mayores beneficios me ofrecerán a mí por tres”

Sin embargo, en el momento que silencio su garganta, se vio alzado de la tierra, para ser proyectado hasta el interior de la caverna que descendía hasta el fondo de la colina. Al momento quedó rodeado por una multitud de elfos. Todos parecían muy disgustados, ya que no cesaban de protestar:

-¿Quien ha sido el ignorante que ha malogrado nuestra canción?

El que parecía ser el jefe se colocó ante el grupo y dijo muy furioso:

John Madden, el atrevido,
tus palabras son un despido.
Tan bien como cantábamos,
y a callar nos obligamos,
por culpa de tu mal canto,
tan malo que causó llanto.
Ahora lo que venías a buscar,
el doble te los vas a llevar.

Una veintena de elfos llegaron con la pesada joroba de Dedal y la añadieron a la que ya cargaba el infortunado John Madden. La unión de las dos quedó tan cojuntada como si el trabajo lo hubiese realizado el mejor carpintero utilizando clavos del mejor acero. Seguidamente, lo arrojaron a patadas fuera de la caverna.

Al amanecer, la madre y su comadre vieron al joven tumbado al pie de la colina, casi agonizante y llevando en la espalda dos jorobas en lugar de una. Les entró tanto pánico, después de contemplar lo ocurrido, que dieron por cierto que ellas también podían verse con una joroba. Por eso se limitaron a echar a John en el carretón de mano y lo llevaron a casa. Pero el desgraciado, cansado de soportar la doble carga en los dias sucesivos, falleció sin dejar de maldecir la melodía de los elfos, que a el nunca le pareció nada maravillosa.

“LA SENDA DEL PERDEDOR” Charles Bukowski (1982)

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Sinopsis

Una novela autobiográfica,contundente como un preciso uppercut, que nos muestra una visión bien distinta del “Sueño Americano”, una visión “desde abajo”, desde los pisoteados y humillados: la infancia, adolescencia y juventud de Henry Chinaski, en Los Ángeles, durante los años de la Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Un padre brutal que cada día finge acudir puntualmente al trabajo para que sus vecinos no sospechen que está en paro; una madre apaleada por el padre, que sin embargo está siemprede su parte; un tío a quien busca la policía; un mundo de jefes, de superiores aterrorizados por otros superiores. El joven Chinaski,algo así como un hermano paria de Holden Cauldfield, el dulce héroe de Salinger en The Catcher in the Rye, tiene que aprender las reglas implacables de una durísimasupervivencia.

En este libro inolvidable, escrito con una ausencia total de ilusiones, se transparenta, evitando la autocompasión, una estoica fraternidad con todos los chinaskis todos los underdogs de la “otra América” de los patios traseros, los bares sórdidos, las oficinas de desempleo.

Impresiónes

En este libro Bukowski habla a traves de su alter ego Henry Chinaski sobre su dura infancia,el maltrato fisico continuado de su padre, su enfermedad dermatologica, sus problemas con las chicas o sus primeras experiencias con el alcohol. Segun el mismo contaba escribir este libro fue para el una liberacion, una forma de quitarse de encima el fantasma de su padre y de una infancia traumatica. Bukowski en estado puro.

A UNA REBELDE

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En memoria de Doris Lessing, una luchadora incansable, una rebelde, premio Nobel de literatura y premio Príncipe de Asturias, DEP

“Ser rebelde lleva la vida entera, borrarte los privilegios de la piel, inscribirte en la soledad del desacuerdo, dejar atrás a los usurpadores. No hay premio a una rebelde más allá de poder regar sus flores en el tiempo que apropia, salir a dar de comer a las aves una mañana donde el capital devora, sonreír con los dientes maltrechos ante la desventura del desayuno, ser indigente en la casa que nadie sueña. Las rebeldes saben de qué están hechos los premios, rechazan los mendrugos que lanza la mano del opresor. Una rebelde tiene como único premio la vida, porque de ella nadie se apropia, en ella nadie la usurpa, porque es la única tierra propia de cada rincón donde duerme. Su rebeldía alcanza siempre a cobijar el desánimo del progreso y si de paso una rebelde tiene la alegría en soledad, ha vencido al mundo”

“CLAUS Y LUCAS ” Agota Kristoff. (1986-1991)

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Sinopsis

Una prosa seca, perfecta; una prosa que anda como un títere homicida. Giorgio Maganelli

Perversa y conmovedora. San Francisco Chronicle

Una visión de gran profundidad y complejidad. Un retrato potente sobre la nobleza y la perversidad del corazón humano. The Christian Science Monitor

Estas tres novelas de gran éxito internacional han confirmado la reputación de Agota Kristof como uno de los exponentes más provocadores de la narrativa europea. Con la simplicidad sórdida de un cuento de hadas, esta trilogía nos explica la historia de dos hermanos gemelos, Claus y Lucas, condicionados por un vínculo agonizante, que se convierte también en una alegoría de las fuerzas que han separadoa Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La saga empieza con El gran cuaderno, donde los hermanos Claus y Lucas se encuentran a merced de su abuela, una mujer analfabeta y cruel. Lejos de rendirse ante esta amenaza, los gemelos aprenden las leyes de la vida,de la escritura y de la crueldad.Abandonados a su suerte,ellos se aplican,a diario,a anotar, en un gran cuaderno, sus progresos. La autora construye una fábula incisiva sobre los horrores de la guerra y el totalitarismo, pero también una gran novela de iniciación a la vida. En La prueba los gemelos se separan. Uno de ellos cruza la frontera y el otro se queda en un país alejado de la guerra pero dominado por un régimen autoritario. Sólo y privado de una parte de si mismo, Lucas, el que permanece, quiere consagrarse a hacer el bien. Cuando Claus vuelve junto a su hermano descubre que cualquier acto de generosidad viene condicionado por la maldad. En La tercera mentira, pasados los horrores de la guerra y los años negros del régimen de plomo, la autora construye una historia que nos enfrenta a la imposibilidad de alcanzar una verdad duradera.

El estilo sin concesiones de Agota Kristof convierte esta trilogía en una mirada al mundo con ojos y palabras de niño malo.

Impresiónes

Es una trilogia compuesta por: El gran cuaderno,La prueba y la tercera mentira,la historia trata sobre dor hermanos gemelos que debido a una guerra son separados de sus padres,la trilogia es muyduray trata temas bastantesordidos sin medias tinta. Llama bastante la atencionel hecho de quecada unode los tres libros estan escritos con una prosa radicalmente distita a los otros dos. Muy recomendable