Vientos del pueblo me llevan (Miguel Hernandez)

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Anuncios

George Orwell

(Seudónimo de Eric Blair; Motihari, India, 1903 – Londres, 1950) Escritor británico. Estudió en el Colegio Eton y luego formó parte de la Policía Imperial Inglesa en Asia, experiencia que lo llevó a escribir Días en Birmania (1934).

Vivió varios años en París y en Londres, donde conoció la pobreza; de este difícil período de su vida nació su novela Sin blanca en París y en Londres (1933).

Sus experiencias como colaborador de los republicanos en la Guerra Civil española (Orwell era socialista) las recogió en su interesante libro Homenaje a Cataluña (1938). Durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de la Home Guard y actuó en la radio inglesa. En 1943 entró en la redacción del diario Tribune, y después colaboró de un modo regular en el Observer. En este periodo escribió muchos de sus ensayos.

En general, toda su obra, incluida esta primera etapa y las posteriores sátiras distópicas, reflejaron sus posiciones políticas y morales, pues subrayaron la lucha del hombre contra las reglas sociales establecidas por el poder político. Sus títulos más populares son Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), ficciones en las cuales describió un nuevo tipo de sociedad controlada totalitariamente por métodos burocráticos y políticos. Ambas se enmarcan en el género de la literatura antiutópica o de sátira de las instituciones.
M

image

George Orwell

En la primera, parodió el modelo del socialismo soviético: los personajes son animales de una granja que se rebelan contra sus dueños, los hombres, aunque luego crean una estructura social peor que la de sus antiguos dueños: Lenin, Stalin, Trotski y otras figuras de la escena política son representados por dichos animales. Como literatura, esta obra reúne las cualidades de las fábulas tradicionales y la influencia satírica de J. Swift.

La segunda lleva como título el año en que se ubica la acción: 1984. En ella imaginó una ficción tan pesadillesca como en la anterior: un mundo regido por grandes potencias, Eurasia, Oceanía y Asia del Este. El personaje protagónico, Winston Smith, es un funcionario del “Ministerio de la Verdad”, entidad encargada de controlar la información; conoce a Julia y comienzan una relación amorosa; luego tratan de luchar contra el poder de “El Gran Hermano” (sucedáneo del Máximo Líder político), “jefe de la Hermandad” (representante del Partido en la política real), y se ven arrojados a las peripecias propias de un Estado totalitario moderno: la mirada policial que lo penetra todo, incluso la intimidad.

En tal sociedad el lenguaje es adulterado por el poder para distorsionar los hechos, o más exactamente, para crear una nueva realidad artificial; los sentimientos, al igual que los placeres (incluido el sexual), están prohibidos. Smith y Julia tratarán infructuosamente de cambiar las reglas de juego, en un mundo donde el lavado de cerebro, el soborno, el control y la manipulación de la verdad son las claves del totalitarismo perverso previsto por Orwell, características y modos que poco después serían habituales en numerosos países. Smith termina por convertirse en traidor, atrapado en la red de la estructura social.

La prosa de Orwell es realista y de gran cualidad narrativa. En 1968 se publicaron los volúmenes de Ensayos Completos: Periodismo y cartas (1968). Entre otros de sus trabajos críticos destacan los estudios que realizó sobre C. Dickens. Sus ensayos sobre problemas de política social poseen una franqueza y clarividencia sin precedentes en la literatura inglesa.

August Strindberg

(Johan August Strindberg; Estocolmo, 1849 – 1912) Dramaturgo sueco cuyas obras tuvieron gran influencia en el teatro moderno y forman parte del repertorio universal. Instaurador del Naturalismo en Suecia, se le considera pionero de la reforma expresionista e investigador de lo que algunas décadas después se conocería como Surrealismo, rasgo que se aprecia especialmente en sus últimas obras, animadas por la reproducción de estados hipnóticos y sugestiones del inconsciente.

image

August Strindberg

Cuarto hijo de un pequeño agente de comercio, su madre sirvió como criada durante varios años, antes del matrimonio con su padre. Su posición intermedia entre tres hermanos mayores y tres hermanas más jóvenes, desarrolló en él una sensibilidad especial que se manifestó al terminar la educación elemental. Tal circunstancia favoreció su ingreso, con el apoyo familiar, en la universidad de Uppsala, para cursar estudios de Medicina, en los que no llegó a licenciarse.

Después de cinco años de asistir de modo inconstante a la Universidad, pasó por distintos trabajos antes de dedicarse a la literatura dramática; fue preceptor, actor, enfermero, periodista y bibliotecario. Hacia los veinte años, en 1869, comenzó a escribir dramas contra los restos del Romanticismo como El librepensador (1869), Hermion (1869), A Roma (1870) y La caída de la Hélade, que aunque llegaron a representarse no le dieron éxito alguno y muestran la influencia de Ibsen, Kierkegaard y Brandes. Tuvieron que pasar diez años hasta el estreno de El maestro Olof, que tampoco resultó ser su confirmación como autor dramático.

Mientras tanto se dedicó al periodismo y consignó sus emociones en una novela, La sala roja (1879), una sátira sobre las instituciones suecas que le dio notoriedad debido al escándalo que supuso la introducción del Naturalismo en Suecia, pero no le proporcionó un medio de ganarse la vida. En 1874 se vio obligado a aceptar un empleo de ayudante en la Biblioteca Real de Estocolmo, donde demostró su inteligencia aprendiendo rápidamente el chino, con perfección suficiente como para ordenar los manuscritos de la literatura de esa lengua. De esta época son también las piezas de teatro El viaje de Pedro el afortunado (1882) y La mujer del caballero Bengt (1882), una colección de Poemas (1883) y una serie de relatos de tema histórico (Destinos y aventuras suecos, 1882-1883).

Propenso a aventuras sentimentales y a desórdenes en sus relaciones, contrajo tres matrimonios desafortunados, el primero de los cuales tuvo lugar en 1877 con la finlandesa Siri von Essen, del cual nacieron tres hijos. Con ella inició un largo peregrinaje por Europa. Se estableció en París, donde escribió Noches de un sonámbulo (1883), y en Suiza, hasta que se produjo la ruptura entre ambos en 1891.

La situación insostenible de su matrimonio se refleja en los relatos de Esposos (1884). También son de estos años los relatos El alegato de un loco (1887-1888), Los habitantes de Hemsö (1887) y Los habitantes del archipiélago (1888), y el drama naturalista Camaradas (1886-1888). Dos años después de separarse de su mujer, incapaz de resistir la soledad, contrajo nuevas nupcias con la periodista austriaca Frida Uhl, que le dio otra hija y de la que se divorció al poco tiempo. Su tercera y última unión se produjo en 1901 con la actriz noruega Harriett Bosse, con la que tuvo otra hija, su favorita. Aunque también este matrimonio terminó en divorcio, ambos mantuvieron una buena relación.

El relato Tschandala (1889) y la novela En las islas (1890) evidencian su evolución hacia el pensamiento de Nietzsche. Notablemente influido por su doctrina del superhombre, Strindberg presenta en sus obras una humanidad básicamente cruel y enzarzada en su lucha por la vida, aportando una aguda introspección psicológica. Su literatura dramática, calificada como teatro de la duda, encuentra su confirmación en las palabras finales de su libro autobiográfico El hijo de la sirvienta, en el que explicó los motivos del desorden espiritual que sufría y aclaró las razones de toda su polémica social y familiar, que le llevaron a una necesidad de elevarse en la escala social.

Suele dividirse su producción en dos grandes etapas, la naturalista y la expresionista, que están separadas cronológicamente por un periodo baldío entre 1894 y 1896 que ocupa la estancia de Strindberg en París y su enfermedad mental. Entre las obras importantes de lo que se conoce como su primera etapa, o etapa naturalista, destacan, El padre (1887), una tragedia doméstica en la que se desarrolla uno de los temas más recurrentes del autor, la crueldad propia del matrimonio; La más fuerte (1889), pieza en un acto que presenta a dos mujeres, una de las cuales escucha en silencio las compulsivas confesiones de la otra; y La señorita Julia (1889), considerada como la obra maestra de Strindberg, que narra el violento encuentro sexual entre un criado ambicioso y la neurótica hija de un conde.

En esta pieza convergen de manera despiadada los antiguos rencores de la infancia, su inadaptación a la vida y el disgusto hacia una sociedad que le llevó en dos ocasiones al borde del suicidio, además de su furiosa necesidad de rebelión y destrucción. En La señorita Julia presenta un perfil negativo sobre el mundo femenino, y especialmente sobre la denominada nueva mujer, ambiciosa y literaria, que se ve reflejada en el texto en la crudeza con que los hechos se presentan y en la intensidad con que el autor desciende al fondo de las almas, extrayendo los impulsos del instinto y dejando a un lado cualquier justificación de origen pseudocientífico sobre las leyes hereditarias y la educación. Esta pieza fue llevada al cine en 1951 por el director sueco Alf Sjöberg y sobre ella se escribió un ballet, coreografiado por la sueca Birgit Cullberg en 1950, además de una ópera creada por el compositor norteamericano Ned Rorem en 1965.

Tras una crisis personal que lo arrastró prácticamente al umbral de la locura, Strindberg regresó a París en 1894, después de una corta estancia en Inglaterra, y comenzó a interesarse por los estudios de magia y ocultismo. Desesperadamente pobre, como siempre había sido, ahondó en los nuevos temas que centraban su interés. Se acercó a la lectura de Swedenborg, con la que quedó tan impresionado que se vio obligado a considerar la existencia de potencias sobrehumanas como una nueva fe.

Esta etapa mística de su vida queda recogida en la segunda parte de su autobiografía, titulada Infierno (1897). Su trabajo a partir de este momento fue menos realista, influido por sus creencias religiosas y por la toma de contacto con nuevos movimientos literarios como el Expresionismo y el Simbolismo. En esta época fue el teatro la única pasión que habría de cultivar con tenacidad.

Tras su retorno a Suecia, escribió dramas históricos, como Gustaf Vasa (1899), Erik XIV (1899), Gustavo Adolfo (1899), Carlos XII (1901), Cristina (1903), y Gustavo III (1903). En estos años se casó con Harriett Bosse, de quien se separó en 1902. Textos como Brottochbrott (1899), en el que se planteó el conflicto entre ética y estética, abrieron camino hacia otros de claro carácter simbólico, como El sueño (escrito en 1901, pero representado en 1907) y La sonata de los espectros (1908). En el primero se cuenta el regreso a la tierra de la hija de la diosa hindú Indra, y en ella se describen numerosos efectos escénicos para su representación; por el contrario, en la segunda, una serie de personajes grotescos se debaten en medio del conflicto entre realidad e ilusión.

Entre sus últimas obras destacan igualmente varias piezas de Kammerspiel, como La casa incendiada, El pelícano y La danza de la muerte, que aunque podría parecer una vuelta al realismo, se encuentra repleta de un macabro simbolismo medieval muy efectivo a la hora de contar el rencor de un matrimonio que vive en una isla.

La obra de Strinsberg contribuyó a liberar la dramaturgia europea de principios de siglo de las convenciones realistas que se habían implantado desde el manifiesto naturalista de Zola, y preparó los escenarios para las vanguardias irrealistas de los años veinte y treinta, así como para el teatro de la crueldad y el teatro del absurdo. Strindberg murió dejando una obra literaria que suma unas 70 piezas teatrales, entre las que se encuentran varias sobre la historia de Suecia, además de un buen número de novelas, narraciones breves, poemas, ensayos, sátiras y libros sobre historia y viajes. Se le considera padre junto con el noruego Henrik Johan Ibsen y el ruso Antón Pavlovich Chéjov de lo que se conoce como drama moderno, del que son herederos figuras posteriores como el irlandés Sean O’Casey, Eugene O’Neill, Luigi Pirandello y Pär Fabien Lagerkvist.

Francisco Giner de los Ríos

(Ronda, Málaga, 1839 – Madrid, 1915) Pensador y pedagogo español. Estudió derecho y filosofía en las universidades de Barcelona, Granada y Madrid.

image

Francisco Giner de los Ríos

En esta última conoció a Sanz del Río, introductor en España del pensamiento del filósofo alemán Krause; desde entonces se situaría en el centro del núcleo krausista (junto a Salmerón, Moret, Azcárate, Labra…), que tanta influencia habría de tener sobre el pensamiento y la acción de los liberales españoles. Dicha escuela defendía un ideal racionalista de armonía social basado en la reforma ética del individuo a través de la educación, para sustentar un Estado verdaderamente liberal.

En 1867 obtuvo por oposición la cátedra de Derecho Natural de la Universidad de Madrid, que sin embargo abandonó a los pocos meses en protesta por las sanciones del gobierno a Sanz del Río. Volvió a su cátedra tras el triunfo de la Revolución de 1868, fue separado de ella tras la Restauración borbónica por el gobierno Cánovas (1875) y nuevamente repuesto al llegar al poder los liberales de Sagasta (1881).

En 1876 fundó la Institución Libre de Enseñanza, empresa a la que dedicaría el resto de su vida; se trataba de un centro educativo basado en modelos pedagógicos modernos, laicos y progresistas, que se proponían como alternativa a la enseñanza oficial dominada por la Iglesia. Giner dejó una amplísima obra escrita sobre temas jurídicos, filosóficos, políticos, artísticos y literarios.