La tierra tiene vida propia

La tierra a veces
tiene vida propia
casi diría que alma,
el norte,
Galicia Asturias o Euskadi
tienen ese corazón agreste
que late al ritmo de las olas
de un mar intempestivo
que azota la playa
del mismo modo
que a los pescadores
que día a día
salen a ganarse el pan
sabiendo que tienen
un futuro más que incierto.
También el sur,
Sevilla Cádiz o Córdoba,
y sus tierras bañadas
por ese sol inclemente
que azota los campos
para que luego sus jornaleros después de una dura jornada
de vareo, azada, sudor y esfuerzo puedan llevar alimento
a sus familias.
Y que decir de mis queridas
Madrid y Barcelona,
con sus calles y sus recovecos,
su Retiro y su parque Well,
Su Gran via y su Diagonal,
su Museo del Prado y su Liceo.
Pero también su gente
que muchas veces
camina sin rumbo, perdida,
casi sin mirarse o tocarse
buscando ese futuro incierto
que la urbe caprichosa
se niega a revelarles.
La tierra a veces
tiene vida propia
y esta está reflejada
en los ojos de sus habitantes
que día a día, y sin descanso
luchan por salir adelante.