PARIS-MADRID

Cuando Jean Luc llego a Madrid de vacaciones. nunca pensó que este viaje cambiaria su vida para siempre, el era un chico común, estudiante de historia del arte, al que le gustaba mucho pintar, escribir, o tocar la guitarra, sus amigos allí en Paris le decían que el era un hombre de l renacimiento, el siempre se lo tomo a broma, aunque en lo mas profundo de su ser, le encantaba que se lo dijeran.
Su viaje a Madrid había sido en parte fomentado por visitar el museo del Prado y en parte para descubrir la noche madrileña, sus rincones, su olor, su sabor y porque no decirlo sus bellas mujeres, que no se parecían en nada a las muchachas parisinas que el conocía.
Cuando llego, se sorprendió, Madrid no era como el se esperaba, frente a las vivas tonalidades que acompañan el paisaje de Paris, Madrid le parecía oscuro, casi grisáceo.
No obstante la emoción del viaje, de estar en otro país, con muchas cosas que descubrir, atenuó enseguida esa sensación.
Después de instalarse en el hotel que había reservado previamente cerca de la glorieta de Atocha, salió a dar una vuelta, las calles, atestadas de gente de lo mas variopinto, el sol que brillaba, y la emoción de ser una persona anónima en una ciudad desconocida , le hicieron sentir una efusividad hasta ahora desconocida para el.
Cuando llego al Prado, y entro, fue directamente a ver las obras de Velázquez y Goya, eran su obsesión, sobre todo Goya y su época mas oscura, se sumergió en las obras del museo, tomo apuntes, y descubrió algunas obras que no conocía, Jean Luc había estado muchas veces en el Louvre, pero El Prado…tenía algo distinto, casi mágico.
Al salir, se encamino hacia el barrio de las letras, y se paro en una terraza a tomar un vino, necesitaba refrescarse, poco tiempo después de sentarse, apareció un grupo de músicos callejeros y tocaron una bella melodía de música clásica que no logro identificar, cuando se acercaron a pedir a su mesa, quedo impactado la violinista era la mas bella mujer que había visto en su vida, sintió algo que jamás había sentido y que ni siquiera creía que existiese, se quedo clavado en la silla sin moverse, mientras que se miraban a los ojos, hasta que ya cuando la desconocía se disponía a darse la vuelta e irse, el dijo en el paupérrimo español que conocía, perdona, toma, y saco de la cartera un billete y se lo ofreció con la mejor de las sonrisas que pudo poner, una de esas sonrisas que mas bien te hacen poner cara de tonto, aunque en ese momento no lo sepas, al dárselo le dijo, era muy bella la melodía que habéis tocado, no la conocía, ¿que es?, la chica le dijo, buena, la pieza es composición mía, estoy en el conservatorio y bueno, hago esto para sacarme algo de dinero y poder acabar la carrera, y con una sonrisa se despidió de el.
Esa noche, Jean Luc no se podía quitar de la cabeza a esa bella dríade, que acababa de conocer, no durmió muy bien pensando en ella, y al día siguiente volvió a ir a la misma terraza con la esperanza de volver a verla, y efectivamente después de tomar tres vinos, y cuando casi había perdido la esperanza, apareció con su violín entre las manos, y al verle se sorprendió, -¿otra vez por aquí? –le pregunto, con todo lo que hay que ver por Madrid, ¿como es que siempre estas en esta terraza?
Jean Luc se ruborizó, y un poco llevado por la tremenda belleza de aquella violinista anónima, y otro poco por el vino que había ingerido se lanzo y la contesto, -bueno el problema es que Madrid es muy grande y yo no tengo guía que me lo enseñe-.
La chica lo miro sonriendo, y le dijo, bueno yo te podría hacer de guía, por un módico precio claro esta, el la miro a los ojos y la contesto –claro, no puedo imaginar mejor guía que tu, si me das tu teléfono te llamare.
Ella le contesto que no sabia cuando podría que mejor le diera el suyo, y ella le llamaba, y eso hizo Jean Luc sin pensarlo un solo segundo, y al dárselo la dijo, -por lo menos dame tu nombre
-Penélope, me llamo Penélope, bueno me tengo que ir, te llamare- le dijo mientras que se alejaba y se despedía con la mano.
Después de dos días, de espera, en los que Jean Luc, había perdido la esperanza de recibir la llamada de Penélope, su móvil sonó, y efectivamente era ella, quedaron en la cafetería donde se habían conocido, y después de saludarse y llegar a un acuerdo económico para su visita guiada, se dirigieron al Retiro, le explico detalles históricos y arquitectónicos de la zona, y aunque Jean Luc estaba interesado, lo que mas le interesaba era Penélope.
Sus quedadas para que Penélope le hiciera de guía se hicieron mas asiduas, el barrio de las letras, el palacio de oriente, el templo de Debod, poco a poco parecía que iba conociendo todo Madrid, y también poco a poco las conversaciones entre ellos se empezaron a hacer mas personales.
Hasta que una tarde surgió el amor, ese primer beso fue para Jean Luc como un latigazo de amor, nunca se sintió así, una corriente eléctrica le recorrió la espalda.
Los días que siguieron fueron mágicos, el la enseñaba fotos de sus cuadros, o alguno de sus escritos o poemas, algunos dedicados a ella, y Penélope le mostro sus sinfonías algunas tan bellas que al acabarlas Jean Luc se quedaba unos segundo en estado de shock.
Pero todo tiene un ciclo, y el verano acabo, como acaban todos los veranos, con el otoño llamando a la puerta, y con el terminaba también la estancia de Jean Luc en Madrid.
Jean Luc no se quería separar de su primer y verdadero amor, y Penélope no quería que el hombre que le había devuelto la ilusión desapareciera de su vida.
Pero la vida a veces te lleva por duros caminos y pone pruebas al amor que si consigues superarlas hace que ese amor sea más solido y duradero.
Y a esa conclusión llegaron Jean Luc y Penélope, el volvería a Paris y ella al conservatorio, tenían que seguir con su vida adelante, -además Paris y Madrid no están tan lejos, -dijo Jean Luc
-Si, y además siempre nos quedara esa cafería en la que un día soleado te conocí.
Penélope acompaño a Jean Luc al aeropuerto, y se despidieron con un largo beso, que a el sin saber porque, le supo a despedida definitiva.
Mientras el avión despegaba, Penélope tocaba la sinfonía con la que se conocieron hasta que el avión se perdió en el horizonte.

NATURALEZA Y ARTE

Nací en una familia de clase media en la España de 1920 un país rural, pero de gente orgullosa, por aquel entonces  Soria, era uno de los centros mas importantes de la ganadería de todo el país, mi padre tenia dos hectáreas de tierras, que desde muy pequeño tuve que ayudar a trabajar, al principio con pataletas diarias, pero pronto aprendí a amar el campo, el trabajo y la recompensa que conlleva, con 12 años recuerdo que notaba el latir de la tierra, del aire, de la vegetación, jamás olvidare las palabras de mi padre, la tierra esta viva Carlos, dale tu amor y tu compresión, cuídala y ella te corresponderá con creces.
También teníamos animales, ovejas y gallinas, de las ovejas se ocupaba mi hermano mayor Bruno.
Bruno era idóneo para trabajar de pastor, siempre fue el mas fuerte, yo le admiraba aunque el no siempre lo veía así, y a veces me pegaba o hacia de rabiar, aunque se que me quería, tenia mucho éxito con las chicas del pueblo, recuerdo su buen corazón, una noche llego llorando a casa, “padre, Bonita se ha roto una pata y no puede andar, no quiero sacrificarla padre, no puedo hacerlo”. Mi padre sin mediar palabra se levanto del sillón en el que solía descansar y oír la radio, cogió fuerte pero amorosamente a mi hermano del hombro y salieron de la casa, poco tiempo después mi hermano me confeso entre sollozos que padre le había obligado a sacrificar a Bonita y que después le dijo, “hijo Bonita estaba moribunda, solo la esperaba sufrimiento, tu como su cuidador tienes que saber darles lo mejor, aunque eso pase por su muerte.
Se que Bruno no lo comprendió en ese momento, y desde luego, yo tampoco, el tiempo nos haría ver la razón que tenia Padre, como tantas veces.
Las gallinas junto con el cuidado de la casa, eran cosa de mi madre Teresa, siempre que pienso en ella, la recuerdo con una sonrisa y aunque se que es una tontería como hasta con un halo de luz a su alrededor, como decía ella, nos quería hasta el dolor, se desvivía por todos, estuviera enferma, lloviera, nevara, cayera Dios del cielo, sabíamos que nuestra madre siempre estaría ahí.
Mi familia nunca fue muy pudiente, en aquella época, solo los terratenientes del pueblo lo eran, pero nunca nos falta de nada, sobre todo felicidad y cariño, y eso no se olvida.
No fui a la escuela hasta muy tarde, tenia catorce años, y fue una situación un poco brusca, Padre pensaba que si se tienen dos buenas manos y una tierra que trabajar no se necesita mas, pero yo me sentía que me faltaba algo, me gustaba dibujar el atardecer que veía en el monte, o escribir lo que había soñado la noche anterior en un cuaderno que me había regalado mi madre y que escondía bajo el colchón para que Padre no lo descubriese “será nuestro secreto digo mama, y me dio un beso”.
Cuando después de mucho berrinches, pataleos y azotes en el culo conseguí que Padre accediera a que fuese a la escuela, (sin duda gracias a la intervención de mi madre), mi mundo cambio.
Recuerdo que la noche anterior a empezar la escuela estaba muy nervioso, ¿qué se hará allí?, ¿será verdad eso que dice Padre de que los libros son tan malos? ¿ira Tomas el hijo de la Paca, ese niño tan burro que le pega a las gallinas con una estaca? ¡Espero que no le dejen traer la estaca!
Al día siguiente, mi madre me puso las mejores galas que tenía, me echo como un litro de colonia, y me despidió con lagrimas en los ojos, “¡pásalo bien en la escuela hijo, aprende mucho, me decía y pórtate muy bien!” yo tenia una sensación agridulce por un lado estaba feliz porque había conseguido mi sueño, pero por otro estaba algo triste porque ni Padre ni mi hermano Bruno habían salido a despedirse de mi.
Cuando llegue al colegio, que era una pequeña iglesia que había sido abandonada por el párroco hace ya unos años, no sabia donde meterme todos los niños se conocían, y yo estaba solo, así que agache la cabeza, y espere, tiempo después, (que no debió ser mucho, pero que a mi me pareció un siglo) se acerco un chico a mi, y me toco en el hombro, yo me di la vuelta avergonzado y temeroso.
-¡Hola soy Javier! Eres nuevo ¿verdad?
-Ssssi, si lo soy –Conteste casi tartamudeando
-Bueno no te preocupes yo empecé también el año pasado, y todos son muy buenos, en especial la señorita Juani, es muy buena profe –me dijo
Cuando apareció la señorita Juani me di cuenta de a que se refería Javier, era la bondad personificada, su ojos solo transmitían amor por su alumnos, se acerco a mi y me dijo, “¿tu eres Carlos verdad? Venga vamos para adentro chicos. Yo entré con ella que me puso una mano en el hombro y me calmo completamente.
El primer día, fue muy fluido, y sobre todo aprendí que los libros no son una cosa a la que tener miedo como siempre había pensado Padre, si no que son nuestros compañeros, que nos apoyan y nos susurran si los sabemos escuchar, igual que la tierra y el viento.
Con el tiempo, y gracias a la paciencia de la Srta. Juani, que me ayudaba cuando me desanimaba y de vez en cuando me regalaba algún libro a escondidas diciéndome “léelo Carlos estoy segura de que te gustara”, me di cuenta de que tenia una especial facilidad para la lectura y la escritura, mi mundo cada vez estaba mas dentro de los libros y menos en el día a día que rodeaba a mi familia, cosa que Padre nunca miró con buenos ojos, pero afortunadamente siempre tuve a mi querida madre para ayudarme y apoyarme.
Eso no significa que me hubiese librado de ir con Padre al campo todas las tardes después del colegio y sobre todo los fines de semana, al contrario, me hacia trabajar con mas fuerza aun, y cuando veía que no podía me decía, “ves Carlos, esto no se aprende en los libros, los libros no te ayudan a trabajar la tierra, ni te van a dar de comer, ¡valiente tontería!.
Pero yo era feliz, era feliz en la escuela, era feliz haciendo la tarea que la Srta. Juani me mandaba, pero sobre todo era feliz rodeado de mis libros, esos libros que me sumergían en mundos fantásticos en los que me rodeaban guerreros, enanos, aventureros, detectives o intrépidos viajeros que recorrían el mundo por una apuesta.
Llego un momento en que tenia tantos libros que no me cabían en la pequeña estantería que tenia en mi habitación, y como no quería que Padre me tirara lo que para el eran trastos inútiles y para mi, el mas valioso de los tesoros, los escondía debajo de la cama, y mas adelante debajo de un tablón suelto en el suelo de mi habitación.
Poco tiempo después con dieciséis años, recibí la que para mi fue la noticia mas desoladora que había recibido hasta aquel entonces, mi querida Srta. Juani se marchaba del pueblo, ¿cómo podía ser?, no lo entendía, al principio no me lo creía, luego me enfade con ella y finalmente cuando en clase nos conto que su marido era militar y que le habían destinado a Madrid para un puesto mejor, y que ella tenia que ir con el, lo entendí, pero solo a medias, ¿con que razón se creían el ejercito o su marido de quitarme a mi profesora?
La tarde antes de que la Srta. Juani se fuese para no volver al pueblo, me dijo algo que jamás olvidare: “Carlos tienes un don, amas las palabras, entiendes su significado oculto, no desperdicies ese don, sigue leyendo, y cuando creas que estas listo para contar tus propias historias, escríbelas con esto” y acto seguido me regalo una vieja maquina de escribir, recuerdo que la mire con ojos vidriosos, la abracé y me puse a llorar, llore como no lo hacia desde que era muy pequeñito y las manos me dolían de trabajar el campo con Padre, fue una despedía agridulce que mezclo la tristeza de la marcha de un ser querido para mi, y el recuerdo mágico de una persona que me acompaño y acompañara por el resto de mi vida y que en el fondo creo que marco mi destino.