Libros leídos 2016

​1. “Dejarse llover” de Paula Farias

2. “Ya no es tarde” de Benjamin Prado

3. “La bicicleta de Sumji” de Amos Oz

4. “Sus mejores versos” de Friedrich Nietzsche

5. “El aullido” de Allen Ginsberg

6. “Drink time! (En compañía de Patrick Leigh Fermor)” de Dolores Payás

7. “El ignorante” de Philippe Jaccottet

8. “Crimen y castigo” de Fiodor Dostoyesky

9. “Cosas raras que se oyen en las librerías” de Jen Campbell

10. “Historia de una escalera” de Antonio Buero-Vallejo

11. “Kant en 90 minutos” de Paul Strathern

12. “Antología poética” de Charles Bukowski

13. “Si Beethoven pudiera escucharme” de Ramón Gener

14. “Volver” de Jaime Gil de Biedma

15. “Poemas de amor” de Miguel Hernández

16. “La familia de Pascual Duarte” de Camilo José Cela

17. “La víspera de casi todo” de Víctor del Árbol

18. “De fiebres y desiertos” de Jorge de Arco

19. “La piedra de la paciencia” de Atiq Rahimi

20. “Charlotte” de David Foenkinos

21. “Los surcos del azar” de Paco Roca

22. “Completamente Viernes” de Luis García Montero

23. “Jade puro” de Li Qingzhao

24. “El balcón de invierno” de Luis Landero

25. “Abolición de la pena de muerte” de Javier Gallego Crudo

26. “Mendel el de los libros” de Stefan Zweig

27. “Sinfonía patética de Nueva York” de Gabriel Albendea

28. “Los últimos días de Stefan Zweig” de Guillaume Sorel y Laurent Seksik

29. “Cumbres borrascosas” de Emily Bronte

30. “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca

31. “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee

32. “Eugenio Oneguin” de Alexander Pushkim

33. “Diario de Golondrina” de Amelie Nothomb

34. “La joven que no podía leer” de John Harding

35. “Sombra” de Leopoldo María Panero

36. “Como acabar de una vez por todas con la cultura” de Woody Allen

37. “La náusea” de Jean-Paul Sartre

38. “Lemmy. La autobiografía” de Ian Kilmister

39. “Gleymska” de Alessandro Nier

40. “Habitación 328 y otros poemas” de Miguel Florián

41. “Desalojos” de Miriam Reyes

42. “Fiesta” de Ernest Hemingway

43. “Snuff” de Chuck Palahniuk

44. “Último día de un condenado a muerte” de Victor Hugo

45. “Trajano y Decebalo en la Rumanía del siglo XXI” de Santiago Posteguillo

46. “Poemas de la consumación” de Vicente Aleixandre

47. “Esa puta tan distinguida” de Juan Marsé 

48. “Hollywood Boulevard” de Manuel Osuna 

49. “Las Meninas” de Santiago García y Javier Olivares 

50. “Las desventuras del joven Werther” Johann Wolfgang Von Goethe 

51. “Ponte en lo peor. Woody Allen en tiras cómicas” de Woody Allen 

52. “El libro blanco” de Jean Cocteau

53. “Capital del dolor” de Paul Eluard 

54. “El tunel” de Ernesto Sabato

55. “Petronille” de Amelie Nothomb

56. “Poesías completas/Los discípulos en Sais” de Novalis

57. “Fuente de Medicis” de Guillermo Carnero

58. “Un lugar tan hermoso” de Fabrizio Rondolino

59. “Veo la luz” de Antonio Gamoneda y Amando Casado

60. “La dama de las Camelias” de Alejandro Dumas (hijo)

61. “Poesías completas de Alberto Caeiro” de Fernando Pessoa

62. “Reencuentro” de Fred Uhlman

63. “Cantos” de Friedrich Hölderlin

64. “El amor te hará inmortal” de Ramón Gener

65. “La luz de mis sombras” de Sandra Sepúlveda 

66. “Cantico” de Jorge Guillén 

67. “El pintor de la vida moderna” de Charles Baudelaire

68. “Josefine y yo” de Hans Magnus Enzensberger

69. “Oro y hambre” de Fernando Fernán -Gomez

70. “Siddhartha” de Herman Hesse

71. “Campos de Castilla” de Antonio Machado

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“Oro y hambre” de Fernando Fernán-Gomez

​Siempre es un lujo leer al maestro Fernando Fernán-Gómez, pero (casi) acabar un año tan prolífico en lecturas como ha sido 2016 para mi, con “Oro y hambre” llega a ser un placer dionisiaco.


Esta novela corta, narrada de un modo que me ha trasladado irremediablemente a mis lecturas de instituto, esos clásicos españoles del siglo XVII como “El buscon” o “El Lazarillo de Tormes”. Esos clásicos a los que entonces tenías una inquina que no podías ni ver y que ahora con los años he aprendido a valorar en toda su magnitud.

Se nota mucho tanto en el lenguaje como en la puesta en escena que Fernando Fernán-Gómez era un gran conocedor de aquella época y de la literatura que en ella se creó.
La novela narra las aventuras de Lucas Maraña, por “caminos y caminos, ciudades y ciudades, mesones y campos de batalla” en busca de un trozo de pan y de una mujer soñada.

Escrita como un homenaje a la novela picaresca, “Oro y hambre” rebosa ternura y también dureza, la de la vida de los que por no tener, no tienen ni padre conocido y mucho menos asunto del que ocuparse que no sea el de la invención de astucias con las que llenar, si no la bolsa, al menos el buche hasta su próxima parada.
Y es sobretodo una emotiva celebración de la vida desde la literatura.
“Oro y hambre” me ha parecido una novela espectacularmente bien escrita y que recomiendo sin ninguna duda.

Historia de un buen brahmín (Voltaire)

En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban por complacerlo; y cuando no se distraía con mujeres, se ocupaba de filosofar.

Cerca de su casa, que era bella, bien adornada y rodeada de jardines encantadores, vivía una vieja india beata, imbécil y bastante pobre.

Cierto día el brahmín me dijo:

-Quisiera no haber nacido.

Le pregunté por qué. Me respondió:

-Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a los demás y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no tengo ni la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso, y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos mundos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.

“Lo peor es cuando me preguntan si Brahma fue producido por Visnú o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé ni una palabra de todo eso, y bien que se ve por mis respuestas. ‘¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explícanos cómo el mal inunda toda la tierra.’ Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí.”

El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.

Aquel mismo día vi a la vieja que vivía cerca de su casa; le pregunté si alguna vez se había sentido afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella ni siquiera comprendió mi pregunta: en toda su vida nunca había reflexionado ni un momento acerca de una sola de las cuestiones que torturaban al brahmín; creía con toda su alma en las metamorfosis de Visnú, y con tal de poder tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se consideraba la más feliz de las mujeres.

Impresionado por la dicha de aquella pobre mujer, volví a visitar a mi filósofo y le dije:

-¿No le avergüenza ser desgraciado cuando a su puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta.

-Tiene usted razón -me respondió-; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina; sin embargo, no quisiera semejante felicidad.

Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que, en efecto, no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.

Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.

Y no obstante -decía yo-, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están tan seguros de razonar bien. Está, pues, bien claro -decía yo- que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad. Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento. De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.

Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.

Aprender a sonreír, es aprender a ser libre.

La felicidad es tu sonrisa

en esta mañana soleada

paseando juntos de la mano

como si no existiera un mañana

La felicidad son tus ojos verdes

de una mirada tan limpia

tan pura y serena

como cada momento que juntos pasamos

y como todos los que aun nos quedan por pasar.

Hace no mucho tiempo

oí a un gran amigo

que aprender a sonreír,

es aprender a ser libres.

Esa es quizás

una de las mayores verdades

que el mundo ha puesto a mi alcance

esa y saber que el amor no hace esclavos,

si no que nos haces mas libres.

Que el cielo es mas azul si lo contemplo a tu lado.

Que los problemas son menos,

y la mochila en la que los llevamos

mucho mas liviana si juntos la llevamos.

También que la poesía

es un arma cargada de futuro

y la sonrisa un arma

cargada de esperanza.

Y que si conservamos esto,

si sabemos recordarlo

a pesar de las adversidades,

siempre seremos, mas felices,

mas humildes, mas humanos

y en definitiva, mucho mas personas.

Pensamientos y escritura

Estaba pensando en lo que significa, la poesía, en general, y en el momento que estamos viviendo. Para mi la poesía, es un arma poderosa, es quizás la forma mas fehaciente que tendrán nuestros hijos y nietos para ver una imagen clara de lo que es la sociedad en la que todos y todas convivimos.

Como ya antes paso, con nuestro queridos poetas de la Generación de 27, del 50, o allende los mares, como paso con la generación Beat gracias a Keouac y compañía.

Creo que la escritura, y por tanto los escritores son hijos del tiempo que les ha tocado vivir, y aunque indudablemente, las experiencias personales, nos marcan en nuestra manera de escribir las políticas, sociales, la coyuntura también marca y mucho.

En este sentido, creo que tenemos mucha suerte, porque somos hijos de la libertad, da igual que nos llamen generación X, Millenials, o Juanpelanas, da igual, como nos quieran definir, lo cierto es que somos hijos de la libertad, que después de cuarenta años de silencio, podemos decir CASI lo que queramos y como queramos, sin miedo a la represalia, al insulto, a la cárcel, al desprecio, al exilio o incluso a la muerte.

Y creo que de esto nace esta explosión cultural y artística que estamos viviendo. Especialmente sorprendente en la poesía, me apasiona ver como esos bares oscuros y sórdidos en los que antes estábamos tres o cuatro personas viendo un recital de poesía en los que siempre participaban los mismo de una manera casi oculta, ahora son lugares luminosos, que se llenan de gente con una sonrisa en la cara y una esperanza en el corazón esa brizna de arte que llevan dentro.

O entrar en la librería Pio Baroja y ver a dos chicos de nos mas de veinte años charlando sobre Luis Cernuda.

Y esto para mi, esta muy por encima de la publicación, que no deja de ser una industria como otra cualquiera. No hablo de eso, hablo de el arte como concepto, como forma de vida, de la poesía, como arma de futuro, para nosotros y nuestros hijos.

En estos quince años dedicado a la escritura, me ha pasado de todo, he perdido escritos, he abierto dos blogs (uno de ellos sin nada de éxito), he publicado un libro, he tenido muchas alegrías y muchos sin sabores, pero creo que lo mejor de todo, con lo que me quedaría, seria con la cantidad de gente excelente, increíblemente valida con la que me he cruzado por el camino. Gente con un talento y una ganas de hacer algo nuevo como nadie se puede imaginar, y que a lo mejor no van a publica, o incluso no quieren hacerlo. Pero que están ahí y nos enriquecen a todos con sus versos o con su prosa.

Por eso quiero animar a todo el mundo a que escriba, que no se rinda, y que persiga sus sueños, cuando uno abandona sus sueños y esperanzas abandona lo que nos hace humanos.

Y a mis compañeros escritores, darle mis mas sincera enhorabuena, cada día aprendo algo nuevo de vosotros, y creo que juntos estamos construyendo una generación que sera recordada.

El significado de la poesía 

​Que significa la poesía, 

para que sirve, 

me preguntan 

sin ninguna acritud, 

y yo, después 

de un rato pensando 

he llegado a la conclusión 

de que la poesía 

no significa nada, 

y todo a la vez. 

Que es eso que 

tenemos dentro 

de nuestra alma 

y que sólo nosotros 

en lo más íntimo 

conocemos. 

Es risa, es llanto, 

es amor y amistad. 

Es compañía y es soledad. 

Son sentimientos. 

Por eso sí un poema 

te transmite algo, 

aunque sea lejanamente, 

si lees 

o escuchas poesía 

y algo por mínimo 

que sea se remueve 

dentro de ti, 

sin ninguna duda 

la poesía 

habrá cumplido 

su cometido.