CUANTO MAS TE ESFUERZAS

El desperdicio de palabras continúa con una pasmosa perseverancia mientras el camarero corre con la bandeja llena a cuestas para todos los blanquitos espabilados que se ríen de nosotros. da igual. da igual, siempre y cuando tengas los zapatos atados y nadie te siga muy de cerca. ser capaz de rascarte y mostrar indiferencia es victoria suficiente. esas mentes estreñidas que buscan un sentido más alto serán despachadas con el resto de la basura. tómatelo con calma. si hay luz ya te encontrará.

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DEDAL (TERCERA PARTE)

Con la última palabra Dedal se notó muy aligerado de peso y tan dichoso. Hubiera sido capaz de saltar sobre la luna, igual que la vaca en la narración del gato y el violín.

Entonces, pudo advertir, con la mayor felicidad de la tierra, que la joroba se le desprendía de los hombros hasta rodar por los suelos como si fuera un saco gigantesco de patatas.

Y al querer alzar la cabeza, todavía vaciló un poco al temer que se iba a golpear contra el techo de aquella sala de la caverna. Al momento contempló lo que le rodeaba, contándole superar el.asombro, pues lo consideraba de lo más hermoso. Por último, se hallaba tan estupefacto por el espectáculo que suponía aquel sitio, que se aturdió al quedar deslumbrado. ¡Y cayó en un sueño profundo!.

Cuando abrió los ojos pudo comprobar que ya había salido el sol. Por cierto, resplandecía con fuerza, los pajarillos entonaban sus trinos y él se hallaba echado al pie de la colina, muy cerca de las vacas y las ovejas, las cuales nada más que se preocupaban de pastar tranquilamente con mucho apetito.

Después de rezar sus oraciones de la mañana, la primera acción que realizó Dedal fue tocarse la espalda en busca de su joroba…¡No encontró nada del molesto abultamiento, de la horrible carga que había venido soportando desde su nacimiento!.

Esto le llevó a verse con evidente orgullo, al tener la certeza de que se había transformado en un chico muy activo, ágil y perfectamente conformado. Además, toda su vestimenta era nueva, pues se la habían obsequiado los elfos y demas espíritus.

Ya no lo pensó más y decidió encaminarse en dirección a Cappagh.

Marchaba con tanto entusiasmo, a la vez que se movía con una gran soltura, que tuvo la grata idea de que siempre había tenido aquella figura.

Como podemos entender nadie de las varias personas que se cruzaron con el pudo reconocerle al no llevar joroba. Debió parar a algunos para convencerles que él era Dedal, ya que había cambiado hasta el punto de no ofrecer ninguna de las características físicas interiores, aunque sí las interiores. Pero éstas pocos las tienen en cuenta, y menos al corresponder a un jorobado.

Debido a que las gentes suelen reaccionar de formas muy variadas ante un suceso espectacular, nadie dejó de comentar lo de la pérdida de joroba de Dedal. Surgieron las malas interpretaciones. Todos comentaban el prodigio, lo mismo en el interior de las cabañas que en las mansiones de los ricos.

Una mañana que Dedal se encontraba sentado ante su casa, tan contento, una vieja llegó a su lado y le preguntó:

-¿Cuál es el mejor camino para llegar a Cappagh?
-Ya se encuentra en Cappagh, señora -contestó él muy amable-.
¿De dónde viene usted?

La vieja respondió:
-De la comarca de Decie, que está en el condado de Waterfood. Ando buscando a un hombre al que llaman Dedal, que gracias a los elfos perdió la joroba que llevaba encima desde que nació. Me manda mi comadre, ya que su hijo lleva una joroba que va a terminar destruyéndole. Es posible que consiguiera librarse de ella como lo logró Dedal, sirviéndose de algún encantamiento. Por lo tanto, debéis imaginaros que, al haber caminado tantas leguas, es porque me mueve una poderosa intención: conocer ese encantamiento tan prodigioso.

Como Dedal nunca había dejado de poseer un excelente temperamento, se presentó como el beneficiario del prodigio y, acto seguido, confío a la vieja todo lo que les ocurrió junto al túmulo de Knockgrafton: el maravilloso canto coral de los elfos, la forma como éstos le habían descargado de la joroba y, al final, le vistieron con unas ropas nuevas.

CHICAS TRANQUILAS Y LIMPIAS CON LINDOS VESTIDOS

Todas las que conozco son putas, ex putas, locas. Veo hombres con mujeres tranquilas, amables, los veo en los supermercados, los veo caminando por las calles juntos, los veo en sus departamentos: gente en paz, a menudo horas o días de paz. Todas las que he conocido son adictas a las pastillas, alcohólicas, putas, ex putas, locas. Cuando una se va llega otra peor que la anterior. Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias bien vestidas chicas con caras que no son lobunas o predatorias. “No traigan más una puta por acá”, les digo a mis pocos amigos, “me voy a enamorar de una”. “No podrías estar con una buena mujer Bukowsky”. Necesito una buena mujer, necesito una buena mujer, más de lo que necesito una máquina de escribir, más de lo que necesito a mi auto, más de lo que necesito a Mozart. Necesito tanto una buena mujer que puedo saborearla en el aire, puedo sentirla en la punta de mis dedos, puedo ver veredas construidas para que sus pies caminen, puedo ver almohadas para su cabeza, puedo sentir mi risa que espera, puedo verla acariciando un gato, puedo verla durmiendo, puedo ver sus pantuflas en el piso. Sé que existe pero, ¿Dónde está ella en esta tierra mientras las putas continúan llegando?.

DEDAL (SEGUNDA PARTE)

Repentinamente, Dedal creyó estar percibiendo una música desconocida, que no parecía salida de ningún instrumento conocido…¡Sí, brotaba del interior de la tierra! Prestó la mayor atención, estremeciéndose. Su sensibilidad fue despertándose, gracias a aquella melodía tan fabulosa. Creyó que la componían una multitud de voces, como un coro inmenso, en el que se conjuntaban todas las variedades posibles para originar sonidos armónicos, de tal manera que lis bajos, los barítonos, los tenores y los demás se unían a la perfección.

No tardó en reconocer lo que pretendían comunicar los cantores:

Di Lunes, Di Martes, Di Lunes, Di Martes, Di Lunes, Di Martes…

Las voces parecieron concederse una pausa y, al poco rato, el coro fabuloso prosiguió alargando o acortando las palabras, dando forma a miles de modificaciones sonoras, como divinas espirales que acariciaban los oídos de Dedal.

Porque éste se hallaba absorto, sin querer ni respirar para no incorporar un sonido inarmonico a aquella celestial melodía.

Tenía la más absoluta certeza de que el canto brotaba del túmulo. Y a pesar de que no había dejado de resultarle delicioso, la permanente repetición, aunque se ofrecieran tantas gamas de variantes, acabó por aburrirle. De esta manera, cuando escuchó cantar tres veces seguidas Di Lunes, Di Martes, no dudó en intercalar en la corta pausa una melodía de su cosecha:

Di Miércoles, Di Jueves…

Sin callarse al volverse a escuchar al coro y siguiendo al llegar la pausa. Muy animado porque no desentonaba.

Al escuchar lo que Dedal estaba incorporando al canto general, unos seres diminutos se alegraron en el interior de la colina. De ahí que tomaran la decisión de ir en busca del ser humano que los había vencido con su potencia y calidad de su voz. Salieron de la tierra, cogieron al sorprendido jorobado y lo trasladaron al interior de una caverna fantástica.

Al mismo tiempo que descendían por la galería subterránea, con la rapidez de un torbellino unido a la ligereza de unas briznas de paja, Dedal pudo contemplar a su alrededor cosas extraordinarias, sin dejar de ser guiado por una melodía que parecía succionarlo.

Nada más posar los pies en el suelo, se vio rodeado de cientos de diminutos admiradores. Le estaban recibiendo como al más genial de los cantantes.

Le atendieron unos servidores, una voz le recomendó que pidiera lo que se le antojara y no dejaron en ningún momento de tratarle como si fuera la persona más importante de aquel lugar fascinante.

De pronto, Dedal contempló que los seres diminutos se hablaban al oído sin dejar de mirarle. Y a pesar de estar muy satisfecho con el trato que se le estaba brindando, llegó un momento que temió por su suerte, al creer que le preparaban algún tipo de castigo. Sin embargo, el que parecia ser el jefe llegó a su lado y le recitó:

Dedal, Dedal, Dedalito,
te sentirás muy satisfecho,
porque vas a ser bonito.
Tu joroba será un deshecho,
pues se irá al momento.
Quiza no te guste bastante,
pues te notamos poco contento,
con un aire tan poco elegante.
¡Dedal, Dedal, Dedalito,
que cambies todo al ratito!

DEDAL (PRIMERA PARTE)

Hace mucho tiempo vivió un hombre muy pobre en las fértiles tierras del valle de Acherlow, al pie de la tetrica montaña de Galt. Este personaje cargaba desde niño con una joroba gigantesca, que le confería el aspecto de que toda su humanidad se había desplazado hasta la espalda. Como era tan enorme el volumen, se veia obligado a mantener la cabeza inclinada, hasta tales extremos que, al sentarse, podía descansar el mentón en las rodillas.

Con un aspecto tan horrendo, no puede extrañarnos que las gentes temieran encontrarse con él en un paraje solitario.
Hasta le rehuian al verle venir. Pese a todo lo anterior, este ser deforme era menos peligroso que una mosca y tan manso como un bebé. Sin embargo, esa joroba descomunal le daba el aspecto de un monstruo, de algo muy distinto a un ser humano. Y como en todas partes hay individuos muy maliciosos, llegaron a inventarse calumnias en formas de unas historias desagradables que le pintaban como un personaje amenazador.

Es posible que lo único cierto que se contaba de él es que sabía más de hierbas y pócimas mágicas que nadie; sin embargo, lo que se conocía con exactitud era que se había convertido en un habilidoso tejedor de cestos, sombreros, sillas y todas las cosas que se podían obtener con la paja.

Nunca se supo quien le puso el apodo de Dedal, a pesar de que desde niño acostumbraba a llevar en el sombrero una rama de dedalera. El único gesto humano que se tenía con el, acaso para que no tomase represalias, era que se le pagaba más que a los otros entrelazadores de mimbres. Y el jorobado pedía lo normal, pero siempre se añadían una o más monedas. Quizá las historias que se contaban en su contra fueran alimentadas por algunos envidiosos.

Una mañana que Dedal caminaba desde la localidad de Cahir a la de Cappagh le rodeó la noche, acaso porque el peso de la joroba en ocasiones le impedía calcular con exactitud el ritmo de sus pasos. Cuando todo era más oscuro, pudo adivinar que se hallaba cerca del tumulo de Knockgrafton, que se alzaba a la derecha del sendero.

Agotado y muy triste, sin dejar de pensar que le faltaban muchas millas de camino, todas las cuales debía cubrirlas bajo las nubes y la luna, pues a veces ésta se asomaba en el cielo, se sentó cerca del tumulo. Necesitaba descansar un rato. Se quedó mirando a lo alto, donde el disco de plata pura parecía adueñarse al fin del firmamento.

A LA PUTA QUE SE LLEVO MIS POEMAS

Algunos dicen que debemos eliminar del poema los remordimientos personales, permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero ¡POR DIOS! ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias! ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores! ¡Es intolerable!

¿Tratas de joderme como a los demás? ¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos en el rincón. La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50, pero no mis poemas.

No soy Shakespeare pero puede ser que algún día ya no escriba más, abstractos o de los otros. Siempre habrá dinero y putas y borrachos hasta que caiga la última bomba, pero como dijo Dios, cruzándose de piernas: veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía.

ESTÁN POR TODOS LADOS

Los oledores de tragedias están por todos lados se levantan a la mañana y empiezan a encontrar las cosas mal. Y se sumergen en la rabia, una rabia que dura hasta que se van a la cama, e incluso ahí se retuercen en su insomnio, incapaces de quitar de sus mentes los pequeños obstáculos que han hallado. Se sienten en contra, es un complot. Y por estar constantemente furiosos sienten que siempre tienen razón. Los ves en el tráfico tocando la bocina como salvajes ante la más leve infracción, puteando desparramando sus insultos. Los sentís en las colas de los bancos, de los supermercados, de los cines presionan en tu espalda te pisan los talones están impacientes por una furia. Están por todos lados y en todas las cosas, esas almas violentamente infelices. En realidad están asustados, como siempre quieren tener razón fustigan sin cesar… es un mal una enfermedad de esa raza. El primero de ellos que vi fue mi padre y desde entonces he visto mil padres malgastando sus vidas en el odio, arrojando sus vidas al pozo ciego y gritando enloquecidos.-

solobukowski en 05:00